Las funciones ejecutivas también se tejen

Las funciones ejecutivas también se tejen

En una época en la que el celular ocupa gran parte del tiempo libre, vale la pena volver la mirada hacia actividades que durante generaciones acompañaron el desarrollo de niños, jóvenes y adultos: tejer, bordar, coser, hacer crochet, macramé o realizar cualquier trabajo manual.

A simple vista parecen actividades destinadas únicamente a desarrollar la motricidad fina. Sin embargo, ponen en marcha un conjunto de procesos mentales fundamentales para aprender, resolver problemas y desenvolverse en la vida cotidiana: las funciones ejecutivas.

Cada punto que se teje, cada puntada que se borda o cada costura exige planificar, mantener la atención, recordar la secuencia de pasos, controlar los impulsos para no apresurarse, detectar errores, corregirlos y perseverar hasta terminar el trabajo. En otras palabras, entrenan el cerebro mientras las manos crean.

Estas actividades también favorecen la memoria de trabajo, ya que es necesario recordar el patrón o la secuencia mientras se ejecuta la tarea. Desarrollan la flexibilidad cognitiva cuando hay que modificar una estrategia porque algo no salió como se esperaba. Fortalecen la inhibición al resistir el impulso de hacer rápido un paso que requiere precisión, estimulan la planificación porque todo proyecto comienza imaginando un resultado antes de llevarlo a cabo.

Además, tienen un enorme valor emocional. Su ritmo pausado ayuda a disminuir la ansiedad, favorece la concentración, genera sensación de logro y enseña una habilidad que no se obtiene con un clic: la capacidad de tolerar la frustración y seguir intentando.

Frente a esto, el uso excesivo del celular suele ofrecer gratificaciones inmediatas: una respuesta rápida, un video corto, una recompensa constante. Aunque la tecnología tiene un lugar importante cuando se utiliza con un propósito, pocas actividades digitales exigen sostener el esfuerzo, esperar, equivocarse y corregir durante un tiempo prolongado, como sí ocurre con los trabajos manuales.

No se trata de elegir entre la aguja y la pantalla, sino de recuperar el equilibrio. Porque mientras el celular consume información, las actividades manuales invitan a crearla. Mientras la pantalla suele acelerar el ritmo, el tejido, el bordado y la costura enseñan el valor del tiempo, de la paciencia y del proceso.

Tal vez recuperar estas prácticas no sea mirar hacia el pasado, sino ofrecer a las nuevas generaciones una oportunidad para fortalecer habilidades que necesitarán toda la vida: pensar, planificar, perseverar y crear.