Pantallas en Nivel Inicial

Una vez que los niños y niñas han adquirido el lenguaje, desarrollado mayor autonomía y comienzan a conectarse activamente con el entorno que los rodea —mostrando interés y curiosidad por aprender—, proceso que se consolida progresivamente a partir de los 3 años, es posible introducir la pantalla en el Nivel Inicial como un recurso más dentro de la propuesta pedagógica.

En este marco, las pantallas pueden ofrecer imágenes reales, información significativa, audios, propuestas estéticas y páginas educativas que acompañen y enriquezcan el proceso de enseñanza y aprendizaje. Su uso resulta valioso cuando es planificado por la docente, con una intencionalidad educativa clara, durante breves períodos de tiempo y con la participación activa de los niños y niñas.

No se trata de “poner una pantalla”, sino de mediar la experiencia. Esto implica invitarlos a observar, escuchar, verbalizar lo que ven, narrar, deducir, participar, ejemplificar, preguntar, reproducir, imitar, dibujar o copiar.
De este modo, la pantalla se convierte en un disparador de pensamiento, lenguaje y acción, y no en un estímulo pasivo.

La pantalla no cumple una función educativa cuando se utiliza para “mantener ocupados” a los niños y niñas mientras la docente realiza otra actividad, por ejemplo, colocando una película sin mediación ni propósito pedagógico. En estas situaciones, resulta preferible ofrecer materiales concretos como bloques, rompecabezas, cartas u otros juegos, que favorecen el juego simbólico, la interacción social, la comunicación y la construcción de vínculos.

Así, el uso responsable y reflexivo de las pantallas en el Nivel Inicial permite integrarlas como un recurso educativo más, al servicio del aprendizaje, y no como un reemplazo del juego, la interacción ni la presencia pedagógica del adulto.