En los últimos años se observa con creciente frecuencia que muchos niños y niñas llegan a Primer Grado con dificultades en habilidades básicas para el aprendizaje escolar. Diversos estudios en neurodesarrollo coinciden en que el uso excesivo y temprano de pantallas durante la primera infancia puede ser un factor que interfiera en este proceso.
Durante los primeros años de vida, el cerebro necesita experiencias multisensoriales para desarrollarse adecuadamente. Cuando estas experiencias son desplazadas por el tiempo frente a pantallas, comienzan a aparecer consecuencias visibles en el aula.
Dificultades en la escritura
La escritura es una de las actividades cognitivas más complejas que realiza el ser humano. Para que un niño pueda escribir, necesita haber desarrollado previamente:
coordinación psicomotriz fina
esquema corporal y postura
memoria visual y memoria motora
memoria de trabajo
atención sostenida
control inhibitorio
planificación
El uso excesivo de pantallas suele empobrecer las experiencias motrices necesarias para que la mano y el cerebro estén preparados para escribir. Actividades como dibujar, recortar, ensartar, construir o manipular objetos reales son fundamentales en este proceso.
Por este motivo, es frecuente observar en Primer Grado:
dificultades en el trazo
escritura muy lenta o desorganizada
escasa resistencia para escribir
frustración ante tareas gráficas
falta de interés por las tareas escolares
Pérdida del interés por el esfuerzo cognitivo
Otro aspecto preocupante es la disminución del interés por actividades que requieren esfuerzo cognitivo sostenido, como dibujar, pintar, recortar, leer, escribir o resolver consignas.
Las pantallas ofrecen estímulos rápidos, cambiantes y altamente atractivos, con recompensa inmediata. Frente a esto, las tareas escolares —que requieren tiempo, paciencia y concentración— suelen resultar “aburridas” para muchos niños.
La escritura como indicador de madurez
La escritura es un indicador de madurez y logro en Primer Grado, no solo como proceso de codificación fonológica, sino también como actividad psicomotriz.
Por eso, ante las dificultades que se observan en su aprendizaje, la solución no está en reducir la escritura a letra imprenta (salvo indicación en casos particulares), sino en realizar un trabajo preventivo que incluya:
libros para pintar
colores, crayones y fibras
masa para amasar
tijeras para recortar
materiales para manipular
Estas actividades deben ser ofrecidas tanto por la escuela como por la familia. El niño no puede vivir en contextos disociados: su aprendizaje necesita coherencia, tiempo y ejercitación.
El rol de los adultos
Los intereses de los niños y niñas dependen, en gran parte, de los estímulos y la valoración que los adultos hacen sobre ellos.
Si en casa pintar o dibujar es una actividad valorada, el niño querrá hacerlo y buscará mejorar.En cambio, cuando se ofrece el celular como principal recurso, se adormecen habilidades fundamentales como:
tomar el lápiz
graduar la presión del trazo
regular el tamaño del dibujo
tolerar la frustración ante el error
memorizar y reproducir grafemas
En definitiva, se limita el desarrollo del sistema de comunicación específicamente humano y de múltiples habilidades neuropsicológicas necesarias para aprender a escribir.
