Las personas desarrollamos una gran cantidad de habilidades fundamentales durante los primeros cinco años de vida. En esta etapa se consolidan el lenguaje, la motricidad, la atención, la memoria, la regulación emocional y las bases del pensamiento. Todas estas habilidades serán esenciales para los aprendizajes escolares posteriores.
La lectura, sin embargo, es una habilidad relativamente reciente si consideramos la evolución de la humanidad. Durante miles de años, las personas se comunicaron de manera oral y solo una parte de la población tuvo acceso a la lectura y la escritura. Esto nos permite comprender que leer no es una habilidad natural, sino una construcción cultural compleja que requiere enseñanza y maduración cerebral.
Diversos estudios en neurociencias demuestran que aprender a leer modifica la estructura y la función del cerebro. Se observa un aumento de la materia gris en el hemisferio izquierdo y un incremento de la materia blanca en el esplenio y en el cuerpo calloso, estructuras que permiten integrar distintas áreas cerebrales. Estos cambios no ocurren de forma espontánea, sino cuando el cerebro está preparado y recibe los estímulos adecuados.
Por este motivo, el objetivo principal del Nivel Inicial no es que todos los niños y niñas aprendan a leer, sino aprestarlos. Esto significa estimular y fortalecer las habilidades básicas que luego permitirán acceder a la lectura con mayor facilidad. El aprestamiento incluye el desarrollo del lenguaje, la conciencia fonológica, la atención, la memoria, la motricidad y la motivación por aprender.
Es fundamental comprender que los tiempos de maduración no son iguales para todos. Algunos niños pueden comenzar a leer hacia el final de la sala de 5 años, mientras que otros no lo lograrán en esa etapa. Esto no significa una dificultad ni un fracaso. La madurez cerebral es un requisito clave, ya que durante estos años se estimulan múltiples áreas del cerebro de manera simultánea.
Forzar aprendizajes para los que el niño aún no está preparado puede generar frustración, desinterés y rechazo hacia la lectura, cuando en realidad debería ser una experiencia placentera y significativa.
Señales que pueden alertar
Es importante observar si el niño o la niña presenta algunas de las siguientes manifestaciones:
Poco interés por aprender a leer o por los juegos con palabras.
Dificultad para permanecer sentado/a y sostener la atención.
Lateralidad no definida.
Dificultades fonoarticulatorias.
No escribe su nombre.
No reconoce la letra inicial de su nombre.
No identifica el sonido inicial de las palabras.
Dificultad para asociar fonema y grafema, especialmente en las vocales.
Dificultad para realizar el silabeo con palmas.
Lentitud en la evocación de nombres de colores y objetos.
Posibles dificultades visuales y/o auditivas no detectadas.
Estas señales no constituyen un diagnóstico, pero invitan a observar, acompañar y, si es necesario, consultar con un profesional.
¿Cómo prevenir dificultades en la lectura?
La prevención comienza desde edades tempranas y requiere de un acompañamiento consciente:
Realizar una evaluación clínica de audición y visión.
Iniciar tratamiento fonoaudiológico cuando un niño o niña de alrededor de 3 años presenta un vocabulario pobre o dificultades de pronunciación.
Estimular el lenguaje y el interés por la lectura a través de experiencias placenteras, como:
leer cuentos en voz alta
invitarlos a contar lo escuchado
jugar con rimas, canciones y palabras
asociar palabras familiares con su sonido inicial
explorar letras de manera lúdica
Acompañar los tiempos de cada niño, respetar su desarrollo y ofrecer experiencias ricas en lenguaje es la mejor manera de construir un camino lector sólido y saludable.
