¿Por qué enseñar letra cursiva?

La letra cursiva requiere menos elevaciones y detenciones del lápiz. Su trazo es continuo y exige aprender a ligar correctamente unas letras con otras.

En la letra imprenta, en cambio, el niño levanta el lápiz con mayor frecuencia. Los trazos son más cortos y, al comienzo del aprendizaje, pueden resultar más fáciles de controlar desde el punto de vista grafomotor.

De la facilidad inicial a la escritura fluida

Durante los primeros aprendizajes, algunos niños y niñas pueden encontrar más sencilla la escritura en imprenta. Sin embargo, con el paso del tiempo aumenta la cantidad de contenidos que deben copiar y producir.

En esta etapa, la cursiva puede resultar beneficiosa. Una vez automatizado el movimiento, la continuidad del trazo favorece una escritura más ágil.

Es frecuente observar que algunos adolescentes que escriben en imprenta comienzan espontáneamente a unir determinadas letras. De esta manera, terminan combinando características de la imprenta y la cursiva. El ligado aparece como una estrategia natural para agilizar el movimiento.

La cursiva también necesita ser enseñada

No deberíamos suponer que los niños aprenderán solos a pasar de la imprenta a la cursiva.

El dominio de este tipo de escritura requiere enseñanza, práctica y acompañamiento. Es necesario aprender la forma de cada letra, su direccionalidad y la manera adecuada de realizar las uniones.

Una enseñanza sistemática desde los primeros años puede favorecer progresivamente la legibilidad, la claridad y la automatización del trazo.

La palabra se percibe como una unidad

Otra característica interesante de la cursiva es la unión de las letras dentro de cada palabra.

El niño puede percibir con mayor claridad que varias letras se enlazan para formar una unidad con significado. Al finalizar una palabra, aparece un espacio antes de comenzar la siguiente.

Esta organización contribuye a comprender la separación entre palabras y puede ayudar a evitar la llamada “escritura en carro”, en la que aparecen varias palabras escritas sin los espacios correspondientes.

La separación resulta especialmente importante al comenzar a producir oraciones. El niño necesita descubrir que aquello que expresa oralmente puede representarse por escrito mediante palabras organizadas y diferenciadas entre sí.

Del sonido a la palabra escrita

La adquisición del lenguaje sigue un proceso progresivo.

Al comenzar a desarrollar el lenguaje oral, el niño produce sonidos. Luego aparecen algunas onomatopeyas y, progresivamente, las palabras.

En el aprendizaje de la lectura también debe descubrir unidades cada vez más pequeñas. Reconoce palabras y sílabas, identifica los fonemas y aprende a relacionarlos con los grafemas correspondientes.

La escritura plantea un recorrido relacionado. El niño aprende las letras, practica sus trazos y comienza a combinarlas para formar sílabas y palabras.

Analizar las partes para comprender el todo

En estos aprendizajes intervienen procesos de análisis y síntesis.

Por un lado, necesitamos comprender que una palabra puede dividirse en unidades menores. Por otro, debemos descubrir que esas pequeñas unidades pueden combinarse para construir una palabra completa y con significado.

El lenguaje oral y el escrito están formados por elementos que se relacionan entre sí. Sonidos, letras, sílabas y palabras adquieren sentido cuando logramos organizarlos dentro de una estructura.

El dominio de estas habilidades requiere enseñanza y práctica. Con el tiempo, muchos de estos procesos se automatizan. Así, el esfuerzo destinado inicialmente a formar cada letra puede pasar a un segundo plano y dejar mayor disponibilidad para algo mucho más importante: expresar y desarrollar ideas por escrito.

La cursiva es mucho más que un ejercicio grafomotor

Más adelante, cada joven podrá elegir el tipo de letra que le resulte más cómodo. Sin embargo, aprender cursiva durante la escolaridad ofrece una experiencia que va más allá del entrenamiento de la mano.

El ligado ayuda a visualizar la continuidad de la palabra. También permite trabajar su regularidad, ritmo, organización y significado.

Una pequeña diferencia en la separación puede incluso modificar completamente aquello que leemos:

ES PERA / ESPERA

ELLA ES PÍA / ELLA ESPÍA

Por eso, enseñar letra cursiva no debería reducirse a realizar ejercicios de caligrafía. Su aprendizaje puede formar parte de un proceso más amplio: comprender cómo se organiza la escritura para comunicar ideas con claridad.