¿Cómo acompañar a un hijo o hija adolescente?
Comprender antes de juzgar
- No tengamos miedo a la adolescencia ni construyamos preconceptos antes de tiempo. No sabemos cómo será esta nueva experiencia para nuestro hijo ni para nosotros.
- Intentemos comprender que algunos comportamientos pueden encubrir inseguridades, dudas y necesidad de contención.
- Reforcemos aquello que hace bien. Reconozcamos sus logros y manifestemos confianza y respeto.
- Evitemos los rótulos. Podemos ayudarlo a reflexionar sobre un comportamiento sin definirlo por aquello que hizo. No es lo mismo decir “esto que hiciste no estuvo bien” que “sos un maleducado” o “sos un vago”.
- Que no piense como nosotros no significa necesariamente que esté equivocado.
- Muchas veces, los jóvenes también nos enseñan a mirar la realidad desde otra perspectiva y nos ayudan a comprender los cambios sociales y culturales.
Elegir el momento para hablar
- Después de una discusión, tomar cierta distancia emocional puede ser más productivo que continuar hablando cuando todos estamos enojados.
- Démosle tiempo para reflexionar y retomemos la conversación cuando podamos hacerlo con mayor calma.
- El “es así y punto” ya no constituye un argumento suficiente para dialogar con un adolescente.
- Dialogar, ejemplificar, debatir y reflexionar juntos son recursos valiosos. Imponer permanentemente nuestras ideas puede generar mayor distancia.
- Hablemos de todos los temas con franqueza. Escuchemos sin reaccionar inmediatamente ni mostrar sorpresa frente a aquello que nos cuenta o pregunta.
- La confianza es fundamental para que un adolescente pueda sincerarse con sus padres.
Respeto de ambos lados
- Si queremos que nuestros hijos nos respeten, también debemos cuidar la manera en que nos dirigimos a ellos.
- Evitemos las palabras groseras, descalificadoras o hirientes. Ellos reclaman respeto de la misma manera que nosotros se lo pedimos.
- No los ridiculicemos frente a otras personas ni nos burlemos de sus gustos, su ropa, sus ideas o sus intereses.
- Aceptar nuestros errores y pedir perdón cuando corresponde no debilita nuestra autoridad. Por el contrario, enseña con el ejemplo.
Límites, acuerdos y negociación
- Busquemos establecer acuerdos frente a los cambios propios de esta etapa.
- Acompañar no significa dejarlo hacer todo lo que quiere. Tampoco significa rechazar sistemáticamente aquello que desea hacer.
- Habrá situaciones que podrán negociarse y otras en las que los adultos deberán mantener límites claros.
- La firmeza y el diálogo pueden convivir. Poner un límite no impide explicar sus motivos ni escuchar lo que el adolescente tiene para decir.
Aceptarlo y demostrarle nuestro afecto
- Evitemos compararlo con otros adolescentes que consideramos mejores alumnos, deportistas o “mejores hijos”.
- Cada joven está construyendo su propia identidad y necesita descubrir sus fortalezas, intereses y posibilidades.
- Manifestemos nuestra aceptación y nuestro cariño. Aunque muchas veces parezca que no le importa lo que pensamos o sentimos, nuestro afecto continúa siendo importante.
- Hagámosle saber que puede contar con nosotros incluso cuando no estamos de acuerdo con sus decisiones.
Dar espacio para crecer
- Permitamos que tome decisiones acordes con su edad y madurez.
- Necesita experimentar qué significa elegir y hacerse responsable de sus elecciones.
- Démosle oportunidades para anticipar consecuencias, disfrutar de sus logros y aprender de sus errores.
- No podemos evitarle todos los fracasos. También forman parte del camino hacia la autonomía.
- Acompañar a un adolescente implica ir modificando progresivamente nuestro lugar: estar presentes sin decidir permanentemente por él.
Y, por sobre todas las cosas…
La adolescencia necesita adultos capaces de combinar aspectos que a veces parecen opuestos:
tolerancia y firmeza, libertad y límites, escucha y orientación, confianza y presencia.
No siempre tendremos la respuesta correcta. También nosotros estamos aprendiendo a ser padres de ese adolescente que cambia y crece.
Por sobre todas las cosas, ¡armémonos de tolerancia, firmeza, amor y sabiduría!
