¿Cómo incentivar en el aula?

Los incentivos externos son un recurso valioso para sostener la motivación. Sin embargo, no necesariamente los mismos incentivos producen los mismos resultados en todas las personas.

Por eso, es muy importante que el docente sea un buen observador.

En el aula pueden aplicarse incentivos para ayudar a los alumnos a lograr un ritmo de trabajo más ágil. Por ejemplo:

  • “Si terminan la tarea a tiempo, luego jugamos un juego”.

  • “Si esta semana se portan bien, el viernes tendremos una merienda especial”.

Estos incentivos pueden ser muy significativos para algunos alumnos, pero no para todos. Es el docente quien debe advertir qué estudiantes necesitan más apoyos externos y cuáles ya poseen incentivos internos que los motivan naturalmente a aprender.

La baja autoestima, el bajo rendimiento escolar, los niños con TDAH o aquellos que atraviesan dificultades emocionales suelen necesitar estos soportes externos para orientar su actividad hacia una meta.

Algunas sugerencias para incentivar en el aula

Construir un vínculo positivo
Es fundamental establecer un buen vínculo para que el niño o la niña valoren nuestra apreciación sobre su trabajo.

Dialogar y acordar objetivos
Buscar momentos para conversar a solas con el alumno y acordar metas concretas que pueda alcanzar.

Utilizar refuerzos positivos
Hay incentivos que refuerzan el comportamiento y el esfuerzo, como por ejemplo:

  • Palabras: “¡Qué bien lo has hecho!”

  • Gestos: un pulgar hacia arriba, una sonrisa, una guiñada.

También existen refuerzos externos como:

  • un sticker en el cuaderno

  • una nota de felicitación para la familia

  • nombrarlo secretario o ayudante por su buen comportamiento

Los incentivos pueden ir cambiando con el tiempo, pero nuestra intención de incentivar no debe desaparecer.

Algunos errores frecuentes

Material de trabajo poco motivante
Es importante que la tarea sea visualmente clara y estética: fotocopias legibles, con letra adecuada (por ejemplo Arial 12) y con espacios suficientes para responder.

Exceso de dibujos o estímulos visuales
A veces, con la intención de motivar, se agregan demasiados elementos visuales. Esto puede aumentar la dispersión y dificultar que los alumnos distingan lo importante de lo secundario.

Notas o comentarios desmotivantes
En algunos cuadernos aparecen frases como:
“¿Qué pasó?” o “¡Qué desprolijo!”

Cuando dejamos una nota escrita es importante que sea clara, respetuosa y que apunte a reforzar lo positivo. Aquello que el alumno necesita mejorar no requiere sarcasmo, sino orientación.

Uso del color
Aunque no siempre sea posible trabajar con materiales en color, en los primeros grados las ilustraciones y el color pueden convertirse en un recurso motivador muy valioso.

Incentivos realistas
Cuando una tarea no cumple con los objetivos esperados, no es conveniente elogiarla de manera exagerada. Decir “¡Preciosa tu tarea!” cuando no lo es puede confundir al alumno.

En estos casos es preferible dialogar con él o ella, reconocer el esfuerzo y señalar con claridad cuáles son los objetivos que aún necesita mejorar.

«Incentivar en el aula no significa premiar constantemente, sino crear las condiciones para que cada niño descubra el valor de aprender y se sienta capaz de lograrlo.«