La escuela es un espacio para desarrollar, entre otras, las habilidades sociales. La convivencia no es fácil, y menos aún en personas en crecimiento. Por ello, se necesitan normas claras y adultos que las hagan cumplir. Si bien la escuela cuenta con normas, esto no siempre es suficiente si no hay un acompañamiento desde casa.
La educación en valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad comienza en la familia y se fortalece en la escuela. Los modos de hablar, el vocabulario utilizado y la manera en que enseñamos a los niños a mirar al otro son fundamentales. Aprender a aceptar las diferencias, escuchar sin interrumpir, comprender que si al otro no le causa risa no es gracioso, tratar bien a los demás, reconocer cómo se siente el otro, ponerse en su lugar, hablar de las emociones, hacerse cargo de las propias acciones, cuidar los objetos propios y ajenos y manejar la frustración son algunas de las tantas tareas que corresponden a la familia.
Puede ocurrir que, a pesar de que en casa se trabajen los valores, un niño o niña ejerza bullying. Situaciones de conflicto, rechazo o peleas pueden aparecer; sin embargo, hablamos de bullying cuando se presentan tres características:
Intencionalidad: hay intención de hacer daño (no es un accidente ni un conflicto aislado).
Repetición: ocurre de manera sostenida en el tiempo (no es un hecho único).
Desigualdad de poder: uno tiene más poder que el otro (físico, social, emocional o digital).
La escuela no es espectadora, es responsable de intervenir.
- Detectar situaciones de acoso. En muchos casos, los padres lo advierten primero y deben comunicarlo a la institución para que pueda abordarse. A veces, los niños actúan de manera muy solapada y los docentes no logran identificarlo, sumado al silencio de la víctima, que muchas veces tiene miedo.
- Actuar de forma inmediata.
- Proteger a la víctima.
- Trabajar con quien agrede (no solo sancionar).
- Involucrar, dialogar y acordar estrategias con las familias.
- Promover la convivencia y el respeto.
Las normas ordenan la convivencia, pero los valores la sostienen.
Por eso, el trabajo conjunto entre familia y escuela es clave para prevenir situaciones de maltrato.
