El dictado ¿Una práctica olvidada?

Muchas veces creemos que el dictado sirve únicamente para verificar si el alumno o la alumna escribe respetando las reglas ortográficas. Se enseña una regla, se toma un dictado y luego no se vuelve a ejercitar.
En otras ocasiones, se utiliza para que los alumnos tomen apuntes.

Sin embargo, cuando los estudiantes presentan dificultades y no están entrenados, suele ocurrir que no logran seguir el ritmo, no pueden escribir frases completas y, finalmente, abandonan la tarea.

La práctica del dictado estimula funciones cognitivas, psicolingüísticas y psicomotoras. Por este motivo, se considera una actividad muy completa, que favorece la escritura en general y constituye la base para que la persona aprenda a dictarse a sí misma, logrando expresarse correctamente por escrito.

Habilidades que intervienen en el dictado
 Atención y comprensión auditiva

En primer lugar, el dictado requiere concentración y escucha atenta para poder discriminar las palabras dictadas.
La comprensión auditiva depende no solo de la atención y la discriminación auditiva, sino también de la riqueza de vocabulario del niño o la niña.

Atención y comprensión auditiva

En primer lugar, el dictado requiere concentración y escucha atenta para poder discriminar las palabras dictadas.
La comprensión auditiva depende no solo de la atención y la discriminación auditiva, sino también de la riqueza de vocabulario del niño o la niña.

Memoria secuencial y organización espacial

En tercer lugar, se necesita memoria secuencial auditiva para retener y escribir la frase en el orden correcto, manteniendo la coherencia.
También interviene la estructuración rítmica y espacial, necesaria para respetar los espacios entre palabras, así como las reglas ortográficas, el uso de mayúsculas y la puntuación.

Metacognición

Finalmente, al terminar de escribir, el niño o la niña puede desarrollar la metacognición: revisar lo escrito, detectar errores, corregirlos y mejorar su producción.

¿Para qué sirve un dictado?

El dictado permite:

  • Detectar si el alumno escucha y discrimina correctamente los sonidos.
    Algunos niños preguntan con frecuencia “¿qué?” o “¿me puede repetir?”, lo que puede indicar dificultades auditivas o atencionales.

  • Observar si logra retener la información y seguir el hilo de la frase con coherencia.
    Cuando repite solo la primera parte y luego pregunta “¿cómo seguía?”, necesita entrenar la memoria secuencial auditiva.

  • Analizar si ha desarrollado la conciencia fonológica, evitando omisiones, inversiones o rotaciones de letras.
    También permite observar el respeto por las reglas ortográficas y la memoria visual, especialmente en palabras de uso cotidiano.

  • Evaluar la legibilidad de la escritura y los aspectos caligráficos.